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Bogotá hoy, el resultado de hacer las cosas bien
IdN Inteligencia de Negocios
Por Rodrigo Díaz C. | Director Ejecutivo



¿Qué hizo subir a Bogotá en los rankings internacionales? ¿Qué la hace ser una de las ciudades más atractivas para la inversión, por sobre C. de Panamá, Monterrey y Lima? 
Según IdN Inteligencia de Negocios, la respuesta es simple… sus ganas. Las ganas de sus ciudadanos y autoridades por hacer las cosas bien y recuperar el sitial que siempre tuvo en la región. Sitial que había perdido en los 80s por la sensación de inseguridad y de ingobernabilidad en que cayó Colombia. Un estigma difícil de superar, lo que finalmente ha conseguido, con méritos reconocidos en todas las mediciones internacionales.


Los Beneficios de Bogotá

Lo primero que hay que decir en favor de Bogota es que ha ganado peso específico. En el año 2000 su PIB era poco más de US$ 24 mil millones, pero para 2010 éste debiera empinarse hasta los US$ 70.100 millones. Es decir, en diez años el salto ha sido im‐pre‐sio‐nan‐te. Con este PIB muchos proyectos comienzan a hacerse rentables para los inversionistas extranjeros, porque nunca hay que perder de vista que lo que éstos miran es el Valor Presente Neto de los proyectos, de modo que a mayor escala mayor la probabilidad de tener proyectos atractivos. Por esta razón ninguna ciudad quiere ser pequeña en términos económicos. De modo que, en adelante, muchos inversionistas de los sectores financiero, infraestructura, inmobiliario, industrial, servicios básicos y retail, comenzarán a considerar a Bogotá como uno de los destinos prioritarios para aterrizar.

Lo segundo que ha tenido Bogotá a su favor es su dinamismo. En los últimos diez años ha presentado una tasa de expansión real promedio anual de 4,8%, pero con cuatros años espectaculares entre 2004 y 2007. Todo lo anterior redunda en un tercer componente favorable: el ingreso per capita de la ciudad {ver graficos}. Que este año llegará a los US$ 8.800, a un paso de alcanzar la barrera mágica de los US$ 10.000, es decir, cuando empiezan a llegar las marcas de lujo como Vouiton, Burberry, Zegna, etc..

Pero no todo ha sido dinero, también ha mejorado la calidad de vida, la conectividad digital y física. Asimismo, ha elevado su notoriedad, lo que se evidencia tanto por la llegada de nuevas cadenas de hoteles en los últimos años, como por la presencia de grandes compañía internacionales (54 globales y 20 latinas).

Lo anterior no habría sido posible sin el trabajo activo de tres grandes gestores: la Alcaldía, la CCB e Invest in Bogota, que -sin duda- han puesto en la agenda la importancia de la competitividad y han sido impulsores de una serie de políticas tendientes a hacerse cargo de las preocupaciones urbanas. Tres instituciones que no han tenido símiles en otras ciudades y que le han dado a Bogotá un impulso adicional en sus avances competitivos en los últimos años.


El apoyo de Colombia

Pocas ciudades se dan el lujo de ser islas como Singapur. Las demás, como Bogotá, dependen en gran parte del país que las cobija. Por eso, es importante que la autoridad central provea a las ciudades de un ambiente de negocios pro inversión, con estabilidad macroeconómica y crecimiento, con bajos costos de transacción, imperio de la ley, baja corrupción, calidad regulatoria, efectividad del gobierno, rendición de cuentas y ausencia de violencia/terrorismo.

Para invertir en un país, que no es el propio, se requiere que las reglas de negocios sean claras y estables. Pero además, que la economía sea un barco que navegue en aguas tranquilas, no sólo en términos tributarios sino también con baja inflación, tipo de cambio estable y déficit controlados (fiscal y cuenta corriente), y en eso último hay que decir que Colombia ha hecho un muy buen trabajo. La inflación en 2009 estuvo muy ajustada al 2%, el saldo en cuenta corriente estuvo dentro del rango prudente (±2%), la tasa de expansión fue baja, pero dada la recesión internacional su desempeño no fue peor que el de otros países y sólo el déficit fiscal estuvo fuera de la norma (‐4,1%) lo que también se explica por razones puntuales de la recesión global de 2009.

En términos de gobernabilidad, la percepción que existe desde fuera de Colombia se ha visto sin duda mejorada por la gestión del Presidente Uribe en dos aspectos claves. El primero, la reducción del peligro de terrorismo. Aunque si bien los colombianos pueden percibir que el país es seguro y que no existen eventos de violencia extrema como antes, los extranjeros perciben de manera inquietante las revisiones que hacen guardias de hoteles y centros comerciales, al pasar un espejo bajo el chasis de los autos. Como contrapartida, la campaña televisiva “el riesgo es que te quieras quedar” es excelente, de gran impacto, pero aún aislada para alcanzar las metas necesarias. El segundo factor, es el ejercicio ejemplar de un nuevo proceso democrático, enviando un mensaje muy claro a los inversionistas internacionales, en cuanto a que Colombia cuenta con una institucionalidad lo suficientemente fuerte como para renovar a su líder, mantener sus logros alcanzados en seguridad y continuar con su agenda de desarrollo.


Los desafíos para el quinto centenario

Pero la tarea de Bogotá por mejorar su competitividad no ha terminado. En 2038 va a albergar unos 11 millones de habitantes, lo cual genera la pregunta ¿qué infraestructura va a soportar todos los servicios que sus ciudadanos van a demandar? En concreto ¿qué hospitales, colegios, edificación anti‐sísmica, policía, bomberos, vías urbanas, autopistas, sistema de transporte público, tren subterráneo, tren liviano de superficie, tarificación vial, sistema inteligente de sincronización de semáforos, integración de servicios financieros, aeropuerto, carreteras de conexión a los puertos, y un largo etcétera, va a ofrecer la ciudad a sus habitantes?

La pregunta no es simple de responder, porque se requiere de una buena dosis de imaginación para contestarla, pero al menos Bogotá debiera estar mirando a ciudades populosas como Shangai, Delhi, Moscú, Estambul o Seúl, para adelantarse tanto a las soluciones como a los posibles problemas, uno de los cuales es el financiamiento de la infraestructura.

Por otra parte, las ciudades globales y exitosas son aquellas que se instalan en la economía del conocimiento y Bogotá aún no entra en esa arena. Para ello, la ciudad debe albergar universidades de clase mundial lo que implica que -al menos- dos de sus casas de estudio logren instalarse entre las 500 mejores del mundo y, luego, que sus investigadores generen un aporte sustantivo en cuanto a trabajos académicos y solicitudes de patentes. Bogotá cuenta con el potencial, pero debe hacerlo pronto porque la competencia desde Asia es cada vez más intensa. Lo anterior permitiría hacerse acreedora de un capital humano capaz de proveer servicios profesionales a un gran número de grandes empresas globales.

Paralelamente, su mercado financiero debe crecer y expandirse tanto entre su población como hacia países vecinos. Una meta interesante para Bogotá es que para 2038 -al menos dos de sus bancos- hayan echado anclas en Ecuador, Perú e incluso en Centro América.

Finalmente, hay que señalar que –progresivamente- va adquiriendo importancia el tema ambiental. Y las ciudades van a tener que generar políticas tendientes a posicionarse globalmente como ambientalmente amigables, pero además, porque hay una demanda creciente por parte de sus ciudadanos por una mejor calidad de vida, con más áreas verdes, sistemas de reciclaje, menos material particulado, menos ruidos, menos crímenes, en suma, menos estrés. Y en esto, las grandes ciudades como Bogotá, tienen un desafío especialmente grande.



Fuente: IdN Inteligencia de Negocios (08.2010)


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